Están sobradamente preparadas y llevan décadas desempeñando un papel especial para la supervivencia de la explotación agraria, pero casi ninguna gozaba de estatus jurídico. Los avances de los últimos años, incentivando su incorporación a la seguridad social, no supusieron el reconocimiento pleno de los derechos de agricultoras y ganaderas. La Ley de Igualdad va más allá de la cotitularidad y opta por la figura jurídica de la titularidad compartida de las explotaciones.Medio Rural estima que tres de cada cuatro de ellas regidas por mujeres.
Dorinda estudiaba COU y peleaba con algunas asignaturas que se les resistían cuando, a sus 18 años, le cambió la vida. Se cruzó en su camino Mariano y en pocos meses la llevó al altar y, de allí, a la explotación agraria de sus padres. Cambió los libros y los apuntes por los aperos de labranza y las duras jornadas en la granja de sus suegros.
Su marido emigró a Suiza y, salvo en períodos de vacaciones, no regresó a Galicia hasta que nació su segundo hijo y ella se planteaba seriamente acompañarlo en la aventura centroeuropea para abandonar la monotonía de Gosende, en A Baña (A Coruña).
Era demasiado tarde, explica Mariano Pazos, que en ese momento decidió volver a Galicia para quedarse. Su vuelta no supuso grandes cambios en la jerarquía de la explotación.



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